RESUMEN:
Hay
una condición que nos iguala a todos: la de ser hijos. A nadie nos han
preguntado si queríamos nacer, así que tal condición la recibimos
pasivamente pero podemos hacerla nuestra si la asumimos, si ante la vida
partimos de la perspectiva del don, del sentirnos y vernos como hijos,
del llegar a ser lo que somos. De este modo, lo que recibimos
pasivamente lo transformaremos en actitud personal.
Esta
experiencia es común y fácil de descubrir a nivel humano. A nivel
religioso también somos hijos y podemos llegar a serlo de un modo
asumido personalmente. Es decir, hemos nacido pero podemos renacer,
somos hijos y podemos llegar a vivir como tales. La clave es la fe en el
Dios de Jesucristo, el Dios que se descubre como Padre. Y tal fe pasa
por el conocer a Cristo mismo, depositar en Él la confianza. Por
nuestro creer en Cristo renacemos y nos descubrimos hijos de Dios
también nosotros. Hijos por el Hijo. No llega nuestro deseo sino que es
el mismo Cristo quien le ha dado inicio y quien le da plenitud. Así
tiene pleno sentido el bautismo: un sacramento que es inicio de vida,
que es bendición de una fe, que es regalo y tarea.
Con la
fiesta del bautismo del Señor se cierra el ciclo de la Navidad. Demos
gracias por haber nacido de nuestros padres y haber renacido por el
sacramento del bautismo, por la gracia de Dios. Agradezcamos que Dios se
ha hecho hijo de hombre para poder ser nosotros hijos de Dios. Y que
este ser hijos lo vivamos de palabra y obra.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada