No, no escribo a estas horas por mala leche, jeje, ni me pondré a
escudriñar resultados políticos que todavía no conozco. A donde quiero
llegar es a tomar conciencia del fin de una era que se producirá durante
esta semana y al nacimiento de otra para la semana.
usemos
lo último en tecnología multimedia. No, no se asuste, la tendrá al
alcance de la mano y gratis. Sí, amigo, es tu imaginación. Pues bien,
accedamos a ella e imaginemos un círculo, un precioso y definido
círculo. No nos detendremos en todos sus aspectos, divisiones y colores
que aparecen; nos quedaremos en un par de líneas, tan imaginarias como
el círculo. Las líneas que marcan el fin y el incio, la recapitulación y
el génesis del mismo. Bien, iluminaremos con un potente fulgor de luz
el centro del círculo: es la Luz de Pascua, la fiesta central del
calendario cristiano. Pues sí, el círculo es un calendario. La fiesta
más importante, de la cual beben todas, la luz más brillante de la cual
participan todas las demás es la de Pascua: es la Luz del Resucitado.
Pero
hoy nos quedaremos en las puertas de un final y el paso a un reinicio.
Hoy, este domingo que termina, es el tramo final del imaginado círculo y
el domingo que viene es el imaginario inicio del mismo. Hoy, solemnidad
de Cristo, Rey del Universo, la Iglesia nos hace mirar al final de la
realidad tal como la vivimos, a tomar conciencia de la responsabilidad
de todo cuanto hacemos en la vida. Podríamos recordar lo de san Juan de
la Cruz: hoy miramos a ese examen final de nuestra vida que es el examen
del amor: ¿hemos sido compasivos, hemos actuado en verdad y con amor al
otro?
Hoy, domingo solemne donde Cristo brilla con el
esplendor de quien es fin y meta de todo lo que existe, hoy, el círculo
del Año Litúrgico se cierra para abrirse a un persistente renacimiento,
al continuo llamado del Adviento: estad alerta, Dios está cerca. El
calendario de la Iglesia, el Año Litúrgico, cierra esta semana sus
páginas para retomar las páginas de la preparación a la Navidad.
Como
una especie de bucle repetitivo y reincidente, la llamada de la Iglesia
es la llamada a la profundización, a la sorpresa, a la aventura de
dejarse conocer y amar por Dios Vivo-Dios de vivos. Sí, la historia nos
es conocida pero... ¿hemos dejado que la historia sea presente, sea
"hoy" o sólo la tomamos como algo del pasado? La Navidad, el reinicio
del Año Litúrgico, el renovado anuncio del nacimiento del Niño Dios ¿ya
nos suena a gastado o realmente puede ser para nosotros una nueva
oportunidad de reencuentro con lo más originario de nosotros mismos y de
la creación? El calendario vuelve a sus inicios para contarnos de nuevo
la historia y nos anima a mirarla con ojos nuevos. La repetición no es
un simple bamboleo de las mismas palabras sino una renovada oportunidad,
al igual que el repetitivo lenguaje de los amantes es siempre el mismo
pero viene siempre cargado de renovadas fuerzas... las mismas palabras
para un nuevo conocimiento.
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