domingo 20 de noviembre de 2011

Fin de calendario litúrgico Ciclo A.

No, no escribo a estas horas por mala leche, jeje, ni me pondré a escudriñar resultados políticos que todavía no conozco. A donde quiero llegar es a tomar conciencia del fin de una era que se producirá durante esta semana y al nacimiento de otra para la semana.

usemos lo último en tecnología multimedia. No, no se asuste, la tendrá al alcance de la mano y gratis. Sí, amigo, es tu imaginación. Pues bien, accedamos a ella e imaginemos un círculo, un precioso y definido círculo. No nos detendremos en todos sus aspectos, divisiones y colores que aparecen; nos quedaremos en un par de líneas, tan imaginarias como el círculo. Las líneas que marcan el fin y el incio, la recapitulación y el génesis del mismo. Bien, iluminaremos con un potente fulgor de luz el centro del círculo: es la Luz de Pascua, la fiesta central del calendario cristiano. Pues sí, el círculo es un calendario. La fiesta más importante, de la cual beben todas, la luz más brillante de la cual participan todas las demás es la de Pascua: es la Luz del Resucitado.

Pero hoy nos quedaremos en las puertas de un final y el paso a un reinicio. Hoy, este domingo que termina, es el tramo final del imaginado círculo y el domingo que viene es el imaginario inicio del mismo. Hoy, solemnidad de Cristo, Rey del Universo, la Iglesia nos hace mirar al final de la realidad tal como la vivimos, a tomar conciencia de la responsabilidad de todo cuanto hacemos en la vida. Podríamos recordar lo de san Juan de la Cruz: hoy miramos a ese examen final de nuestra vida que es el examen del amor: ¿hemos sido compasivos, hemos actuado en verdad y con amor al otro?

Hoy, domingo solemne donde Cristo brilla con el esplendor de quien es fin y meta de todo lo que existe, hoy, el círculo del Año Litúrgico se cierra para abrirse a un persistente renacimiento, al continuo llamado del Adviento: estad alerta, Dios está cerca. El calendario de la Iglesia, el Año Litúrgico, cierra esta semana sus páginas para retomar las páginas de la preparación a la Navidad.

Como una especie de bucle repetitivo y reincidente, la llamada de la Iglesia es la llamada a la profundización, a la sorpresa, a la aventura de dejarse conocer y amar por Dios Vivo-Dios de vivos. Sí, la historia nos es conocida pero... ¿hemos dejado que la historia sea presente, sea "hoy" o sólo la tomamos como algo del pasado? La Navidad, el reinicio del Año Litúrgico, el renovado anuncio del nacimiento del Niño Dios ¿ya nos suena a gastado o realmente puede ser para nosotros una nueva oportunidad de reencuentro con lo más originario de nosotros mismos y de la creación? El calendario vuelve a sus inicios para contarnos de nuevo la historia y nos anima a mirarla con ojos nuevos. La repetición no es un simple bamboleo de las mismas palabras sino una renovada oportunidad, al igual que el repetitivo lenguaje de los amantes es siempre el mismo pero viene siempre cargado de renovadas fuerzas... las mismas palabras para un nuevo conocimiento.

En fin, que esto se acaba... pero nunca es tarde ni las oportunidades han fenecido...
 
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