Este miércoles es especial: con la Misa y la imposición de ceniza empezamos el camino de la Cuaresma, la peregrinación de los cuarenta días hacia la Pascua. Para meternos un poco en harina creo que nos vendría de maravilla repasar el Mensaje del Papa para esta Cuaresma. Después de varios Mensajes de orden monográfico, este año Benedicto XVI nos da una visión global desde la Palabra de los domingos y recordando los tres signos de la oración, el ayuno y la limosna. Ya digo, retomar estos Mensajes puede ser una buena ayuda en este inicio.
Una de las tentaciones cotidianas ante este decir que iniciamos un Tiempo nuevo en el calendario de la Iglesia es pensar que todo sigue igual... igual o peor. Pues déjame que te desilusione más: no es igual, no eres igual. Al menos, tienes un año más de vida. Otra tentación es querer ver la utilidad y la eficacia de estos días. Pero, hombre, que en la vida hay mucho más. Y bien es verdad que deseamos los frutos pero ¿hemos sembrado y esperado, cuidando las semillas sembradas? No tengamos prisas ni desmayemos.
Vamos a desasnarnos un poco, ¿sí? Vamos a dejar que Dios sea Dios y, por una vez o una vez más, dejemos que su Voluntad se cumpla (lo pedimos en el Padre Nuestro), pidamos con más fuerza que se cumpla en nosotros, que nos ayude a quitarnos vendas de prejuicios, de historias pasadas,... dejemos que la esperanza vuelva a brillar como cuando éramos más confiados. Volver a creer en Dios, volver a darle nuestra confianza, nuestro amén... a ello nos ayuda este Tiempo.
Tenemos cuarenta días por delante que podemos aprovechar o no, que podemos dejar que nos cambien la vida o no, que nos acerquen a la Pascua, al paso de Dios... o no. La Iglesia nos pone todas las ayudas a mano pero nos pide colaborar. Todavía hay mucho bueno que mejorar y mucho malo que limpiar, ¿no crees? Dios no ha perdido la confianza en nosotros.
Una de las tentaciones cotidianas ante este decir que iniciamos un Tiempo nuevo en el calendario de la Iglesia es pensar que todo sigue igual... igual o peor. Pues déjame que te desilusione más: no es igual, no eres igual. Al menos, tienes un año más de vida. Otra tentación es querer ver la utilidad y la eficacia de estos días. Pero, hombre, que en la vida hay mucho más. Y bien es verdad que deseamos los frutos pero ¿hemos sembrado y esperado, cuidando las semillas sembradas? No tengamos prisas ni desmayemos.
Vamos a desasnarnos un poco, ¿sí? Vamos a dejar que Dios sea Dios y, por una vez o una vez más, dejemos que su Voluntad se cumpla (lo pedimos en el Padre Nuestro), pidamos con más fuerza que se cumpla en nosotros, que nos ayude a quitarnos vendas de prejuicios, de historias pasadas,... dejemos que la esperanza vuelva a brillar como cuando éramos más confiados. Volver a creer en Dios, volver a darle nuestra confianza, nuestro amén... a ello nos ayuda este Tiempo.
Tenemos cuarenta días por delante que podemos aprovechar o no, que podemos dejar que nos cambien la vida o no, que nos acerquen a la Pascua, al paso de Dios... o no. La Iglesia nos pone todas las ayudas a mano pero nos pide colaborar. Todavía hay mucho bueno que mejorar y mucho malo que limpiar, ¿no crees? Dios no ha perdido la confianza en nosotros.
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