El viernes rezamos el primer Via Crucis parroquial del año. Normal, siendo Cuaresma y siendo ésta una devoción propia del Tiempo. Como siempre intento, dirigieron el rezo las feligresas (gracias Josefa y Ana, no sabéis lo que ayudáis) pues creo que los momentos en los que rezamos usando devociones populares han de ser guiados por laicos. Yo, como administrador parroquial, me encargo del material, de distribuir papeles, del inicio y la bendición final.
Mientras el desarrollo del Via Crucis iba in crescendo y los pasos del divino condenado se acercaban a la cruz fui tomando conciencia del "precio" de nuestra salvación. Y es que no siempre nos paramos a pensarlo y agradecerlo: a Dios le hemos costado sangre, sudor y lágrimas, literalmente. Bien es verdad que lo importante de esta devoción no es pararse en los sublimes dolores de Cristo sino en descubrir su amor y su entrega por nosotros al padre hasta el extremo. Sí, el secreto y centro de todo es el amor. Un amor que respeta pero que está ahí esperando a pesar de todo.
La Cuaresma es una oportunidad preciosa de retomar el camino hacia este Amor. Dios siempre está cerca, siempre acompaña y no se anda con cosas raras ni esperando nuestra gran conversión y giro de timón.
Las catorce estaciones fueron pasando, yo estaba al fondo de la iglesia con el alba y la estola morada, por si alguna feligresa quería confesarse. Ah, qué poco valoramos y usamos este precioso sacramento. Y es curioso: mientras las iglesias se quedan sin confesiones la tele se nutre de ellas y las consultas psicológicas también (no, no va con segundas, jejeje, ni establezco una relación total de causa-efecto pero algo sí que hay. Amigos periodistas y amiga psicóloga, podremos discutirlo) Sin embargo e incluso a pesar de la desidia sacerdotal para sentarse a esperar un penitente y del laconismo laical para acudir al sacerdote, sin embargo, qué precioso sacramento donde Dios nos muestra su compasión y nos reanima para retomar el camino.
Un último apunte a vuelapluma: estábamos doce en la iglesia.
Mientras el desarrollo del Via Crucis iba in crescendo y los pasos del divino condenado se acercaban a la cruz fui tomando conciencia del "precio" de nuestra salvación. Y es que no siempre nos paramos a pensarlo y agradecerlo: a Dios le hemos costado sangre, sudor y lágrimas, literalmente. Bien es verdad que lo importante de esta devoción no es pararse en los sublimes dolores de Cristo sino en descubrir su amor y su entrega por nosotros al padre hasta el extremo. Sí, el secreto y centro de todo es el amor. Un amor que respeta pero que está ahí esperando a pesar de todo.
La Cuaresma es una oportunidad preciosa de retomar el camino hacia este Amor. Dios siempre está cerca, siempre acompaña y no se anda con cosas raras ni esperando nuestra gran conversión y giro de timón.
Las catorce estaciones fueron pasando, yo estaba al fondo de la iglesia con el alba y la estola morada, por si alguna feligresa quería confesarse. Ah, qué poco valoramos y usamos este precioso sacramento. Y es curioso: mientras las iglesias se quedan sin confesiones la tele se nutre de ellas y las consultas psicológicas también (no, no va con segundas, jejeje, ni establezco una relación total de causa-efecto pero algo sí que hay. Amigos periodistas y amiga psicóloga, podremos discutirlo) Sin embargo e incluso a pesar de la desidia sacerdotal para sentarse a esperar un penitente y del laconismo laical para acudir al sacerdote, sin embargo, qué precioso sacramento donde Dios nos muestra su compasión y nos reanima para retomar el camino.
Un último apunte a vuelapluma: estábamos doce en la iglesia.
2 comentarios:
¡ FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN !
Feliz y santa. Un abrazo y bendiciones!!!.
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