Los
atletas que corren en el estadio corren todos, pero uno sólo consigue
el premio. Corred como él, para conseguirlo. Todo atleta se impone
moderación en todas sus cosas. Ellos lo hacen para alcanzar una corona
que se marchita; nosotros una que no se ha de marchitar jamás. (1Co 9, 24-25)
Esta lectura aparece en las Vísperas de los cuatro primeros domingos de Cuaresma. Como muy bien saben los deportistas, por poner un ejemplo, para alcanzar metas cada vez mayores e ir superando tiempos y pruebases necesario renunciar a muchas cosas en forma de alimento, horarios, personas... pero el sentido de tales renuncias no es el sufrimiento, no es renuncia por renunciar, sino elección de otros caminos, intento de superación y esfuerzo por conseguir algo mejor en sus vida.
Así deberíamos ver los sacrificios o renuncias durante esta Cuaresma. La Iglesia dispone para nosotros un cmaino largo, de cuarenta días, y nos da medios y ayudas para convertirlo en paso a la Pascua, en desprendimiento de vicios, de costumbres que nos lastran, en oportunidad de cambio, en hora de esperanza e iluminación, en puesta a punto y ánimo. Tradicionalmente, se han señalado el ayuno, la oración y la limosna como esos medios fuertes y característicos de este Tiempo de Cuaresma.
Os animo a leer lo que el Papa ha dicho estos años atrás en sus Mensajes de Cuaresma, pues desentraña los valores y significado de cada uno de ellos. Y a no olvidar el Mensaje de este año, en el que nos anima a prestar atención a quiénes somos y cómo vivimos; en no cerrarnos en nosotros mismos sino despertar el corazón a las necesidades de nuestros hermanos, en lo material y en lo espiritual y moral; y nos anima también a las buenas obras, a la acción que descubre la bondad de la creación y de las personas y es capaz de repartir una atención y cariño de los cuales nuestro mundo tantas veces adolece.
Si hacemos sacrificios o renuncias durante estos días que sea conscientemente y que nos sirvan para valorar lo que tenemos (ya sea regalado ya sea conseguido con nuestro esfuerzo), para sentirnos dueños de las cosas y hermanos de las personas, para poder abrir el corazón y compartir, dándonos cuenta que quizás perdemos mucho tiempo en indignarnos y protestar pero quizás nos movemos poco para cambiar algo, aunque sea a nivel personal.
¿Qué? ¿Sigues mirando a la Cuaresma como una temporada de colores morados en las iglesias y de abstinencias obsoletas? ¿O has captado un poco su esencia y te animas a tomarla como un reto positivo?
Claramente, y queda para el final para que nos acordemos mejor, nada de ello servirá si no lo hacemos por amor y con amor. Amor que respecto de Dios es fe, confianza en Él. ¿Y cómo le conoceremos? Amigo, tenemos la Palabra, tenemos la Iglesia para concretar y empezar a formar familia, tenemos nuestra conciencia, nuestro tiempo y capacidades... y tenemos unas cuantas semanas para entrenar y ponernos a punto. ¿La meta? La Pascua, el Paso de Dios por nuestras vidas, la resurrección, la nueva vida, la búsqueda continua de la excelencia (en cristiano se dice santidad), la apertura de todo nuestro ser a una bondad, amor y esfuerzo que supera nuestros sueños.
Ah, contad con las caídas, la desgana e, incluso, la traición y el abandono culpables.... pero, seamos sinceros, ¿quién más de una mañana no se ha levantado "poco católico"?